-Por favor siéntate, hacía mucho que no me visitabas. ¿Cómo va todo?
Al pasar, veo el sillón largo color menta. Es sencillo saludar con una sonrisa discreta y sincera sin forzar. Han pasado seis meses desde que habíamos hablado a profundidad y unos dos meses que cruzamos siquiera unos cuantos saludos escritos.
Díganme “común”, pero qué belleza es entrar a una habitación donde el café recién hecho es el aroma protagonista, un poco de infusión a lavanda, jazmín y ¿vainilla? No estoy segura, ¿y si es vainilla y no jazmín?
Lo importante es que el café que me sirve es delicioso; ella sabe cómo me gusta: en una taza promedio con tres cuartos de café americano y un cuarto de leche deslactosada o de almendra sin azúcar. Nunca me falla. Es bonito que se acuerde de un detalle tan pequeño. A veces pienso que soy su preferida para escuchar mis problemas y mis locuras.
– Pues ya sabes que sigo sin entenderme. ¿Por qué no existe un buzón para que Dios me mandara una carta definiéndome la solución a mis problemas? ¿Por qué tengo que escarbar en mí para encontrar la solución y en otras ocasiones tener que esperar a que el tiempo vaya marcando si la decisión que tomé fue buena o mala? ¡O los ejercicios! No entiendo para qué me pones a hacer ejercicios si a cada rato me vuelvo a equivocar. Si por más ganas que le ponga fracaso en el camino.
– Vamos niña ¿qué es lo que te abruma?
– Bueno que no quiero ser egoísta y ah… parece que le hablo a una desconocida. Bien. Aquí voy. Uffff.
Es impresionante lo mucho que divago cuando me avergüenzo. (Pero bendito café de las 6 de la mañana y el de las 9 de la noche que complican más el orden de mis ideas).
– Me preocupa lo complicado que te es ahora explicarme. ¿Así de grave es todo esto?
– Mira que toda la vida me ha gustado siempre construir una casa en el bosque. Yo me decía y les compartía a la gente con quienes se suscitaba el tema: “Cuando sea mayor quiero vivir en el bosque, con una casa alejada del ruido de la ciudad, entre árboles de coníferas, suelos de madera, algunas alfombras, una bella sala de estar con muebles de madera y cuero; y en frente de un gran sofá, una chimenea grande; y un ventanal tan imponente que de a lo largo y ancho de la sala”. Te lo juro, siempre el mismo discurso. Parecía político. Pero ahora ya no estoy segura de eso, porque me ha cautivado la energía de la ciudad, sus luces, sus calles y el ruido de la gente; vivir en ella y no sentirme ¿sola?, ahora que tengo la oportunidad de decidir en qué ecosistema hacer mi vida, no puedo decidirme. ¡Es que son dos mundos diferentes! ¿Por qué no se puede vivir en ambos al mismo tiempo?
– Vale, tal vez podrías vivir una temporada en uno y la otra en el otro. ¿Qué hay de complicado con eso?
– Bueno que no estoy hablando de lugares y que yo no quiero que me hagan lo mismo; no quiero sentir que tienen que elegir entre alguien más y yo para quedarse. Yo quiero ser el hogar permanente para alguien… es que no quiero ser la opción sino la elección y por primera vez, me doy cuenta que puedo estar cayendo en eso. Y yo no quiero. No puedo permitirme bajarle el valor a las personas a convertirlas en opciones. No es justo. No lo vale. Creí que sería capaz de elegir. Decidirme. Creí que sería fácil.
– Entonces aún no estás lista para mudarte. No estás lista para empezar tu vida en otra parte. No aún.
– ¿Pero cuando lo estaré? ¿Mañana? ¿el próximo martes? ¿El 28 de diciembre? ¿En un año?
– Por eso estás aquí. Aprovecha el tiempo a solas, conversa conmigo más seguido te prometo, no se te hará tan lento el paso de las horas o los días. Tu tiempo es relativo. Mientras no te alejes de mí, alcanzarás cualquier cosa: el mudarte al bosque, a la playa, al desierto o hasta a Marte si tú quieres. Y ya sé que no hablamos de lugares. Pero sí puedo decirte que lo estarás, cuando la vida marque que lo estás. Sería muy fácil que todas las personas obtuvieran las cosas en el momento que ellos quieren. Así; fácil. Pero si lo fuera, no valoraríamos el proceso, ni siquiera el tesoro cuando lo obtienes. Yo no existiría y sus vidas serían un caos.
Y conversando, [Paciencia] me abrazó con cariño mientras yo desactivaba mis alarmas.
Mis locuras
Quiero compartirte mis locuras y un poquito más. Cada texto refleja una parte de mi mundo, mis pensamientos, emociones y las historias que me inspiran.
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