Carta a Fernanda

2–4 minutos

Quise escribirte por cualquier lado, pero no encontré cómo. Ojalá existiera un buzón para dejarle cartas al cielo.

De pronto estás en mis orquídeas, en la música y hasta en las películas… me pregunto si leíste “El Mapa de los Anhelos” porque ambas soñábamos con tanto y ahora, ya no sé si tengo sueños. Es como mirar a mi ventana y de pronto ya no han nada qué observar, sólo un lienzo gris.

¿Te conté que nos imaginé en Baviera? Ambas mirábamos la serie de Emperatriz en el verano, mientras yo te contaba lo que sabía de historia, y tú sacabas elocuencias de las expresiones de los actores.

Ojalá hubiéramos hecho nuestro picnic para terminar nuestras pinturas de flores en acuarela… Esque a ti te gustaban tanto las flores y a mi, contarte malos chistes mientras aprendía.

Fuiste la amiga que no esperaba y que, si nos hubiéramos cruzado en otro momento, seguramente ni amigas habríamos llegado a ser… pero que hayas formado parte de mi vida ha sido una bendición. Tu amistad no la merecía.
Hablar de Dios contigo aún cuando teníamos nuestras diferencias, o reírnos de nuestras tonterías son de las mejores escenas que tengo en mi memoria.

Si pudieras recibir esta carta, sólo te diría que ya no tienes por qué preocuparte ni por mi, ni por tus papás o por tu hermano o por la gente que te amó tanto, créeme: lo resolveremos. Como me dijo un amigo: aprenderemos a soltarte; a saber y confiar en que tú ya estás bien. Que hiciste mucho bien aquí. Y que aunque nos prometimos ser damas de honor una de la otra, y aunque planeamos nuestros viajes que dejamos en una hoja de excel, tantos proyectos… y ahora tu partida, me recuerda que el mañana no es seguro, que el hoy es lo único que tengo realmente y por eso, no puedo vivirme triste.

Tú siempre fuiste un tulipán rojo, esas flores siempre te gustaban y claro, el rojo era tu color.

No te mentiré: me has puesto muy difícil seguir adelante; tengo fracturado el corazón y muchas lágrimas que no he podido vaciar de mi ser. Me siento estancada y un agua estancada, a los pocos días apesta. Me preocupa que eso también me pase.

Deseo de todo corazón -y testigos son mis oraciones- poder verte un día entre las estrellas y las nubes.

Claro que soy frágil, soy débil, y soy de cenizas; así que claro que el misterio de la muerte a veces me abruma y me da miedo. Por eso me refugio en un Dios que sí creo que existe, y que tu vida y la de los demás no se quedó solo aquí sin cumplir una misión, si no que es trascendental porque tú sí lo fuiste dentro de tu autenticidad y tu nobleza.

Gracias por formar parte de mis locuras y de mis tristezas. Gracias por estar en un mensaje, en una llamada, y por ese último café…

Y Fer, estando allá cuídame y ayúdame a enamorarme de los detalles y de la simpleza de la vida… (Por cierto, el sushi ya me está gustando. Gracias por eso.)

Te quiere, V.

Mis locuras

Quiero compartirte mis locuras y un poquito más. Cada texto refleja una parte de mi mundo, mis pensamientos, emociones y las historias que me inspiran.


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Publicado por Vianey Cano

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