– Hey hola, ha pasado mucho desde que no sé de ti… o bueno, solo lo que subes en tus redes. ¿Cómo has estado?
-…
Claro, ella no va a escribir, es mi culpa. Ella tiene razón, los hombres somos más imbéciles para muchas cosas como por ejemplo, perder fácilmente a quien te quiere en serio. Ojalá fuera como un juego de cartas, en eso soy bueno apostando.
Si tan solo… no; basta. Debo dejar de pensar que escribirá. No lo hará. ¿Y si la llamo? ¿Y si contesta? ¿Por qué tuve que decirle que mejor como amigos?
Es verdad que es una gran chica y yo, voy a 7 galaxias atrás de ella: jamás podría alcanzarla y sin embargo, aquí estoy, con las ganas de vomitar de los nervios y sin sacar sus ojos miel de mi cabeza.
– Hey, bien gracias. ¿Tú qué tal? ¿todo bien?
Debió de haberme odiado después de haberle cortado las alas. Se me hizo tan fácil hacerla sentir especial conmigo. Me gustaba tenerla presente. Y ahora sé lo que quiero. Que la quiero a ella. Pero ha pasado mucho; ha pasado un año. ¿Cómo saber si aún quiere verme?…
– Ya. Yo bien, las cosas no han cambiado. Bueno sí; cambié de trabajo, y al parecer las cosas han ido bien.
– Me da gusto, es importante cambiar de aires.
No me digas que cambie de aires si eso intenté en todos los aspectos de mi vida, y ahora siento que me asfixio pensando en que te he perdido para siempre. Yo siempre fui un inmaduro en todo esto de aprender a quererte.
– ¿Tu lo hiciste? ¿Cambiar de aires?
– ¿Sí, lo olvidas? Te dije que lo haría. Nunca ha estado en mí quedarme siempre en una misma silla. Y, sabiendo que algún día moriré, no quiero arrepentirme de no intentar jugármela por lo que yo creeo que vale la pena. Como un juego de naipes, sabes.
Ahí está Juan, siempre ella va a delante tuyo. Bien ahí hermano. Y sí, me lo dijo. Ella nunca perteneció a un solo sitio. Es tan sexy cuando es tan lista. Y ahora tengo que conformarme con solo sus mensajes.
– Bueno ¿y has ganado? Es decir, ¿ha valido la pena todo lo que has arriesgado?
– No te mentiré, hubieron situaciones que me rompieron el alma y por un momento dejé de creer en mi; ya sabes cuando juegas tienes todas de perder también; y me ha pasado.
Ella siempre dijo que era un libro abierto. Y es cierto. Al final, la chica de las letras es tan fuerte que no le teme a enseñar sus emociones, ser tan honesta como intensa es una cosa jodidamente preciosa. Es su As en un juego de cartas.
– Estoy cerca de la ciudad, tal vez podríamos quedar para tomar un café y ponernos al corriente de nuestra vida. Hace falta, ¿no crees V?
-…
Me va a decir que ya está saliendo con alguien. Pero somos amigos ¿no? ¿Habría problema en ver a un amigo? ¿Su chico será celoso? No lo culparía. Yo también la cuidaría de idiotas como yo.
– Si estás ocupada que no te preocupes. Igual podríamos hacer alguna llamada.
– Me halagas en serio. Pero, tú me pediste hace tiempo que fuéramos amigos y yo nunca te vi como tal; creo que no sería sano volver a verte. Pero me dio gusto saber de ti. Ojalá que todo marche bien.
Y así es. Una vez más ella tiene razón (y siempre me lo dijo: que ella siempre la tiene) yo quise jugar mi última carta con ella pero he perdido (o eso creo). ¿Qué habrá ganado ella con esto? Porque yo sé que voy perdiendo. Pero después lo apostaré todo. Aún falta una última ronda del juego. Si algo reconozco, es que soy necio cuando algo tengo en la cabeza y desde varios meses atrás, es ella a quien no saco de ahí. Así que la quiero.
No permitiré perder un último juego.
– Sabes, tienes toda la razón. Pero créeme (aunque no lo merezca) que haré lo posible porque quieras volver a verme.
– No creo que lo logres Juan, ha pasado mucho.
Justamente ha pasado mucho y yo ya no quiero pasar más tiempo lejos. Yo he pasado por mucho.
– V, te conozco. Sé que puedo hacerlo; convecerte de volver a vernos.
– Primero, creo que sigues siendo un presumido. Segundo, no me dejaste esperarte la última vez… ¿Qué cambiaría ahora?
– Que sé que no sales con nadie y que tú y yo somos los mejores apostando en cartas y lanzando golpes de knockouts en un ring. Y esta vez, quiero enfrentarme a todo eso contigo no hacerlo sólo por mi lado como lo hice antes.
– Estás pidiendo un milagro.
– Soy creyente. Para mí todo es posible.
– Tal vez yo he dejado de creer.
– No lo creo. Porque tú siempre creíste en mí; y que no era una completa basura.
– Hahaha se le llama lástima Juan.
– Llámalo como tú quieras V.
– Suerte con ello.
– Tómalo como un hecho.
Ella lo sabe. Le aterra que vuelva a lastimarla pero aún me tiene presente. Maldición; y yo teniéndola cerca tan solo por el teléfono.
Solo sé que mañana comenzará este último juego, y yo no quiero perderlo. Y que si en algún momento me toca subirme al ring pueda darlo todo porque esta vez, ella no se volverá un recuerdo. Porque sí, ella se volverá mi comodín, y la chica de mi presente: la de todos los días. Y yo habré ganado el juego. Porque estoy seguro en esto, habremos ganado ambos. Porque la vida a veces se tiene que tomar tan en serio como un juego donde apuestas, porque quiero darlo todo solo por compartir con ella lo que me queda e incluso lo que no tengo.
Y sí, ella siempre tiene la razón. La vida a veces hay que tomarla como un juego de cartas.
Te dejo una canción que me acompaña en este escrito y que se suma a la playlist de «Las locuras de mis pestañas».
Mis locuras
Quiero compartirte mis locuras y un poquito más. Cada texto refleja una parte de mi mundo, mis pensamientos, emociones y las historias que me inspiran.
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