La rara de las letras

Salida de amigos
3–4 minutos

Deja de mirarla. Puede que sea la copa de vino.
Pero se ha vuelto una pieza fácil de admirar.
Espera, tomaré una segunda, tal vez con esa, prefiera aferrarme a la barra antes que a ella.
Y si me mira. Me está mirando (tal vez ya estoy borracho).

Ser amigo de la chica de las letras me lo ha complicado todo.

Es tan fácil cómo un poco de alcohol te hace ver el pasado a velocidad duplicada. ¿Pero qué hace esa sonrisa en mi cara? Basta. Ella solo baila y canta desinteresada con el resto de amigos que nos acompañan.
Cómo en tan poco tiempo he necesitado acariciar esa nariz que frunce cuando bromea, me da miedo rozar mi mano con la suya. Tal vez se aleje, tal vez se espante.

Es que nadie querría arriesgar una amistad con la chica de las letras.


¿Has leído lo que escribe? Yo no podría escribirle nada como lo que ella. Pero tampoco voy a arriesgarme a ser protagonista de un texto que pueda arrancar el alma. No.
Ya casi pagaremos la cuenta. Espero sea comunal porque tal vez me he excedido sin darme cuenta entre copa y copa. Es que es ella. Todo es culpa de la chica de las letras.

No puedo negarme a no tenerla a ella conmigo por lo menos entra bromas de amigos.
Pero esque, si vieras como agarra su cabello cuando se pone pensativa u ordena sus ideas, ahí en ese instante va cortando la urzuela que encuentra; y se frustra y comienza a reírse o echarse un chiste para restarle importancia a sus problemas. Saca la lengua como una niña de cinco años cuando quiere perfeccionar algo. Y se mira en el espejo lateral del auto para asegurarse que toda ella luce bien, porque en el fondo no se da cuenta de lo hermosa que es. A veces lo agradezco.
Pide perdón de todo. Sin darse cuenta que por muchas cosas que tenga de defectos no debería de pedir perdón de ser ella. Porque así es perfecta.

– Vamos Gabriel. La cuenta se pagará conforme el consumo de cada quien para que le apures que ya casi nos vamos a casa de Martín.

– (Demonios usaré la tarjeta de crédito). Claro hermano. Pasen terminal.

– Hey Gabriel, ¿por qué no bailaste? ¿Te aburriste?

– No para nada. Sólo ando cansado ya sabes, hoy anduve de arriba para abajo. (¿Cómo le explico a la chica de las letras: a mi amiga, que todo es culpa suya?)

– Vale pero sonríe Gabriel, que si estás aquí es porque nos quieres. No creo alcanzarlos en casa de Martín pero ahí me cuentas quién se durmió primero, ¿vale?

– Claro que los quiero mensa. (Pero a ti te quiero más, y te quiero cerca). Veré si voy, te digo que ando algo cansado, de igual forma ya pagué lo mío.

Y así, sin más. Fue otra salida con mis amigos, entre ellos con la rara que se aferra a un Dios que aún no entiendo, con la que crea historias de amor pero le tiene miedo a vivir la suya. Solo me toca escuchar esos cuentos.

Llego a mi casa, y mientras me quito los zapatos no soporto tenerla de frente, verla bailando sólo en mi mente «La calle de las sirenas», en serio, de tantas buenas canciones, con esa le basta para ser feliz, se conforma con poco siendo ella tanto. Y mírala, se burla de mí y lo miserable que soy de madrugada, con esa sonrisa inocente y yo aquí, sin querer quitarme la ropa y tirado en la cama como un soldado fracasado que regresa de una guerra perdida.

Tal vez, debería de tomarme un vaso de agua… ojalá no me pegue duro la resaca. Ah… pero lo que más me preocupa, es tener que soñar la fantasía de bailar con ella.

En fin, no puedo culpar a la chica de las letras.

Mis locuras

Quiero compartirte mis locuras y un poquito más. Cada texto refleja una parte de mi mundo, mis pensamientos, emociones y las historias que me inspiran.

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Publicado por Vianey Cano

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