-Hoy salí corriendo preguntándome el porqué del color de las hojas de los árboles. Por qué tenían que ser verdes.
(Y por favor, quien sepa de botánica o biología o cualquier rama científica que lo pueda justificar ahora ni se me adelante a comentar o a decirme porque este no es el momento).
Hoy salí corriendo preguntándome el color de las hojas de los árboles. Por qué se caen. Me frustra verlas caer. Y su estado seco reponsando en el suelo.
-¿Por qué caen? ¿Por qué no pueden mantenerse firmes siempre?
– ¿V, por qué te pones así por unas hojas?
Mi amiga Fer, a quien conocí por obras del destino en el trabajo (porque aunque estudiamos en la misma universidad, jamás nos vimos), se volvió mi amiga simplemente por que somos unas risueñas. Reírnos de cualquier tontería nos ha hecho apoyarnos hasta en las malas. Y ésas, son el tipo de amistades que me fascinan. Con las que me quedo.
– Es que hubieras visto a ese árbol, tan triste, era como si por cada hoja que se le caía, él estuviera más en agonía.
– Bueno, será el viento o es que también últimamente está haciendo mucho frío. Es la temporada.
Yo miraba al árbol, y me acordaba de tu mirada, cuán ilusionado estabas en el verano y con tantas flores que me diste, aún así no podías comprender que mi fisionomía era tan débil. Emocionalmente yo estaba débil.
– Vale, pero ¿qué me dices de las hojas que caen en primavera? ¿O las del verano? Entonces, ¿vamos a culpar al viento? Bueno siempre hay que culpar a alguien ¿no? ¿Y si las hojas se caen porque quieren?
– Hahahahaha a ver V, al parecer te has levantado del otro lado de la cama. ¿Quién te ha hecho enojar esta mañana? O, ¿te tomaste algo alterado?
A mí no me pueden venir con que yo ingerí algo para ver tu rostro en aquel árbol. Me duele que por más cariño que te tuve, no pude quedarme y tú no podías hacer que me aferrara a tus brazos.
Al regresar del trabajo, me detuve en la calle donde estaba ese árbol tan triste. Me acerqué a arrancarle una de sus ramas para decorar un ramo que tenía en un florero de mi cuarto.
Ya sé que hay amores que son temporales y tal vez yo fui una hojita nacida en verano para caerse en un noviembre que se vuelve viejo. He pensado en que, cuando se le caigan las hojas a la ramita que me llevé, guardaré sus hojas; tal vez me sirvan para decorar un cuadro o separar algún libro. Total, aún caídas y secas y un poco rotas, se merecen una segunda oportunidad.
Tal vez yo, tenga mi segunda oportunidad.
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