Hemos empezado un año nuevo, y qué locura lo lejos que he llegado. Es como si en mi corazón una revolución de chocolate caliente con malvaviscos derritiera tiernamente lo congelada que estaban mis piernas o mi voz. Es un año que espero, no sea «otro año» sino «el año». Ése con el que me puedoSigue leyendo «Se vale ilusionarse»