Dime una cosa.
Si quieres, miénteme con tu alma; o júrame con sangre si lo ves necesario.
Pero te pido únicamente que sea tu palabra la que me convenza de algo:
Dime que me quisiste, aunque fuera tan corto como el tiempo de vida de una pestaña antes de desprenderse del ojo…
De lo contrario, por favor te lo pido:
Dime que me quisiste con tal fuerza, como aquella que se tiene al contener un grito; o con esa fuerza, como para resistir un rechazo o un abandono.
Dime que me quisiste con la desesperación como si estuvieras a punto de perderme…
Anda, dime que me quieres como Poe amó Eliza Clemm, o como Psique amó a Eros.
Dime que me has amado con cada poro, con cada átomo de tu cuerpo.
Que no es solo cariño, ni solo tampoco pasión o deseo, sino todo el conjunto de ambiciones y entregas que un humano puede dar hasta desdibujarse más allá de sí mismo…

O por lo menos, dime que me odias.
Dime que me recuerdas en tus malos momentos.
Que te atormenta que yo haya formado parte de los hilos que bordaron tu historia; tal vez me convertí en una hebrita aún rota que es evidente y rídicula para tu persona.
Dime que me odias y que haz maldecido mi futuro, porque no supe andar a pies descalzos entre tus arenas y tus nubes.
Anda…
Sin miedo, dime que me odias por no querer amarte ni siquiera un poco o por lo menos, querer unirme y figurarme en tu destino.
No omitas detalle alguno.
Entenderé si al escuchar mi nombre has rasgado tus vestidos.
Es que, si te soy sincera, el que tú me ames o me odies para mí es algo muy significativo, porque sea una o la otra, sigo siendo el martillo para el marfil de tu memoria.
Porque para bien o para mal, te he cincelado la mente: me he encargado de que no haya material que la regrese a su forma original. Eso te lo juro.
Y te lo digo, sigo siendo tu ramo de romeros y flores “no me olvides”.
Porque para tu suerte, no habrá amnesia que logre eliminarme de tu subconsciente.
Dime una cosa.
Y dímelo de la forma en que tú quieras.
Pero dime si por lo menos, conocerme tuvo para ti algo de importancia.
Que vamos, para mí, el que formes parte de estas líneas ya está diciendo una cosa…
Te dejo una canción que me encanta escuchar, que además de que complementa este escrito, ya forma parte de la playlist «Las Locuras de mis pestañas» disponible en Spotify.
Mis locuras
Quiero compartirte mis locuras y un poquito más. Cada texto refleja una parte de mi mundo, mis pensamientos, emociones y las historias que me inspiran.
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