A mucha gente cercana, después de mi viaje a Italia me les he atrevido a preguntar cuál es su Roma.
Y es que por algo existe ese dicho, ¿no?
Que “preguntando se llega a Roma” o también dicen que “todos los caminos llevan a Roma” … pero Roma para mí no fue solo un lugar, fue algo más; algo que en mi ecuación e incluso en la lógica no podría tener sentido.
No fue el sabor de la pasta hecha a mano o las jarras de vino teniéndolas en la mesa o su birra…
Roma fue la persona a quien yo no esperaba; fui yo sintiéndome gladiadora cerca del coliseo y al mismo tiempo una mujer condenada a mártir por creer que de un Dios todo lo viene, la vida, las oportunidades, incluso tú: Que fuiste la diosidencia a la que yo solo creí que sería un descuido entre risas e irresponsabilidades.
Pero sí, no es que tú seas mi Roma, pero eres parte de ella.
Porque te pienso y te revivo entre garabatos y versos mal formados en mi cabeza.
Y ahora soy yo, quien a través de canciones busca parar el tiempo coordinando mi zona horaria y recordarnos ahora también Asís.

Soy yo quien busca Roma entre sus historias de películas: que puede que no hayan sido ciertas, pero motivan a creer que el amor no es siempre imposible y que puede que, solo Dios marque el camino, y permita que el rumbo no sea tan difícil.
Bueno, creo que a Dios le gusta verme así en esta situación es decir, me incita a ver qué tan capaz soy de mover el mundo a mi favor y saltar entre charcos de incertidumbre porque él quiere reconstruirme a través de una carretera de baches y curvas y unos cuantos mares.
Y si tengo que mencionar alguna frase conocida es que a veces pienso, que en el fondo y sin saberlo el corazón cantaba “busqué el amor del alma mía, lo busqué sin encontrarlo… encontré el amor de mi vida, lo he abrazado y no lo dejaré jamás”.*
Tal vez Roma fue eso en mi historia: llegar sin saber qué buscaba y sin embargo, algo más fuerte que yo, me hace pensar y sentir que he encontrado lo que mi corazón anhelaba y ahora solo quiero atesorarlo, cuidarlo y conservarlo mientras que el tiempo lo permita. Pero no sé hacerlo. Tal vez sólo Dios pueda ayudarme con eso: preservarlo a través del tiempo.
Recordar Roma me hace tener miedo al mar de distancia que tengo sobre ella, miedo a lo que me hace sentir pese a su historia y su antigüedad que para muchos, Roma es muy joven. Miedo a aferrarme a ti cuando puede que tú no quieras hacerlo.
Lo único que sé es que quiero intentar cruzar el mar, regresar, tal vez así…
poder regresar a ti.
Pero al final me sigo preguntando, ¿qué es Roma para ti?
Te dejo una canción que me acompaña en este escrito y que se suma a la playlist de "Las locuras de mis pestañas". *Verso extraído del libro Cantar de los Cantares.
Mis locuras
Quiero compartirte mis locuras y un poquito más. Cada texto refleja una parte de mi mundo, mis pensamientos, emociones y las historias que me inspiran.
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