No quiero el desierto. No lo quiero.
Tengo hambre, estoy sedienta, cansada. ¿Perdida?
En mis pisadas solo hay arena gruesa y dorada, pero no hay nada a la distancia.
¿Acaso me he extraviado? Dicen que busque siempre el norte pero ¿qué si mi destino es hacia al oeste?…
Me he despistado entre la cuenta del tiempo; ya no hay comida tampoco agua, y dudo que un oasis aparezca como en alguna historia de fantasía.
Pero no culparía a nadie por desear que así fuera, tal vez es la fe o la esperanza o ambas lo que les mantiene vivos. En mi caso creo que las he perdido.
He terminado en un desierto donde camino de día, me detengo para intentar dormir por las noches heladas. Fue mi decisión en parte sí, porque necesitaba algo diferente. Es que me sentía vacía, sin encontrarle un sentido a mi vida:
Era mirar el tiempo a través del reloj solo esperando a que avanzara. No me malinterpretes. Que disfrutaba mi vida antes, tuvo sus buenos momentos pero en el fondo nada me llenaba.
He pagado el viaje sabiendo que tendría problemas antes de la recompensa.
Pero es que ¡necesitaba zarandearme!
Pero ahora, en mi soledad tengo hambre, y hambre del afecto correcto, ese que mueve, que quiere quedarse conmigo, me reta, y no guarda secretos, ese que siempre es sincero. Y tengo sed, sed de sentir que hago lo justo y preciso para mí; lo que me va a hacer feliz. Tengo sed. Pero no hay nadie cerca.
Tengo miedo de que en mis dolencias decida dejar de cargar esta cruz que llevo a mis espaldas: ella me ha enseñado que de las heridas se resurge un nuevo ser en mí mejor del que fui.
Oh, pero si llego a convertirme pronto en polvo, ojalá alguien pueda notarlo y utilizarme para hacer alguna taza, tal vez un florero o qué sé yo. Solo quiero que me utilicen para algo bueno; algo mejor de lo que yo en vida pude ser. Ojalá conociera a un alfarero de personas.
No quiero el desierto, pero necesito cruzarlo. Me han prometido que si sigo en mi camino encontraré una Tierra prometida. Pero ya no puedo, siento que me pierdo en el pasar de las noches y los días.
Por hoy no quiero el desierto, pero espero mañana lo vea distinto: tal vez más pequeño, tal vez me enseñe algo diferente (es que puede que aún no me haya sacrificado lo suficiente).
Por hoy, soñaré con el alfarero.
Mis locuras
Quiero compartirte mis locuras y un poquito más. Cada texto refleja una parte de mi mundo, mis pensamientos, emociones y las historias que me inspiran.
Suscribirse
Introduce tu correo electrónico para recibir actualizaciones.
Descubre más desde Vianey Cano
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.