Tomé el taxi amarillo. Bien pude haber tomado algún Uber y permitirme no llamar tanto la atención, porque vamos, es fácil de reconocer un taxi clásico y más con ese color tan vibrante.
Sí, en esta ocasión quise tomarlo porque por lo menos, deseé recordar la sensación de cuando la ciudad no estaba tan poblada y yo tenía siete años y no existían todavía apps para pedir taxis privados.
Bajo una música de Bruno Mars impuesta por el chofer que, genuinamente mantenía un aroma a limpio y a dulce de moras en su auto, fue un ambiente que no me molestaba.
Comencé a escribir de ti, herida, confundida. No me voy a victimizar pero, ¿hasta qué punto uno puede aguantar injusticias? Me miro sin creer que soy capaz de desaparecer porque ya no he encontrado otra salida. Es que ya no era sano.
Yo sé que todo el mundo carga una cruz pero no me permitiré que tú te sumes a la mía como un clavo más en ella. Estoy a tiempo para retirarme. Ya sabes, cortar el hilo, nuestras fotografías, tirar el brazalete, olvidar un febrero que quiere regresar como nuevo. No lo voy a permitir.
No me importa que sea tan conocido como el «mes del amor». En mi caso, solo lo recuerdo como el mes al «amor» que también se fragmenta, que se intentó reconstruir pero si no es de ambas partes, termina volviéndose cristales en el suelo de una copa rota, con unas cuantas gotas de vino que la maquillaron.
La música del taxi ha cambiado, me dirijo a mi lugar seguro; es agradable saber que no tiene que ver con un código postal sino con un código de hermandad y lealtad.
Comencé a escribir de ti con rabia, tristeza y desilusión, sentimientos que seguro, Bad Bunny tuvo en 2018 en muchas de sus letras.
No hay lágrimas eso te lo aseguro. Mientras escribo, trato de responderle cortésmente al chofer a sus preguntas del clima, de cómo su vida lo inclinó a trabajar en esto o los motivos por los que tuvo que mudarse a la ciudad.
Sabes, extraño la ciudad cuando tenía siete años; tal vez, más que sus luces o su calma, me extraño pensando que mis únicos héroes eran mis padres y mis abuelos. Con ellos me bastaba. Pero crecí y terminé poniéndote a ti por encima de todo y de todos. Eso pasa cuando amas demasiado.
Me extraño teniendo siete, porque me era más fácil hacer amigos, no había un compromiso que pudiera mal intencionarse o ¡hacer amigas! Éramos más leales entre nosotras en ese entonces. Todo era nuevo y yo, desconocía lo que era tener un corazón roto.

Te escribo no con el afán de hacerte llegar mis locuras. Te escribo porque por algún motivo, eres el buzón en el que sé, podré dejar todas las cartas que quiera y jamás serán abiertas. Nunca te gustó leer (ni siquiera mis señales) y eso me lo ha hecho más fácil; mantener un idioma que tú nunca comprendiste.
Extraño tener siete.
– Señorita ya hemos llegando.
– Disculpe… sí. Gracias, que tenga un buen día.
– Igualmente, gracias.
Fuente de la imagen ilustrativa: pinterest @maryderodri1841
Mis locuras
Quiero compartirte mis locuras y un poquito más. Cada texto refleja una parte de mi mundo, mis pensamientos, emociones y las historias que me inspiran.
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