Hemos empezado un año nuevo, y qué locura lo lejos que he llegado. Es como si en mi corazón una revolución de chocolate caliente con malvaviscos derritiera tiernamente lo congelada que estaban mis piernas o mi voz. Es un año que espero, no sea «otro año» sino «el año». Ése con el que me puedo ir moldeando a ser mi mejor versión porque, ¿cómo puedo cuidar amistades o tener nuevas que me complementen e impulsen a sacar lo mejor de mí, si yo no ofrezco lo mismo?
Sabes, he comenzado a trabajar en no darle importancia a todos los cuentos que podrían contarse a mis espaldas, me halaga tanto que piensen en mí para formar parte de su elenco… pero son pocos los que se detienen realmente a platicar conmigo de todo y de nada, del cielo y de la tierra, ellos son quienes realmente me conocen y genuinamente me complace regresar a que solo sean menos de 10. Me facilitan más las cosas.
Últimamente he deseado hacerles algo especial (espero pronto se me ocurra algo) que, fuera de lo material, puedan guardar en su corazón tal vez no todos los días pero sí, cuando sus días se tornen entre neblinas y caminos sin pavimentar, en esos momentos que ni el ruido de una abeja se tolera.
De la misma manera creo que, aunque me gustaría enamorarme de nuevo y más allá de eso, ya llegar al punto de darte la oportunidad de amar a alguien y que te corresponda… Abrirte a conocer también involucra un filtro de no a cualquiera dejar que mire mi historia y unas cuentas líneas que he empezado a remendar sobre ella. Ese filtro no puedo hacerlo si yo no me convierto en la mujer que quiero, no puedo exigir algo que yo no doy ni soy.
Así que, con la honestidad clara, me atrevo a escribir que está bien si no lo consigo en este veinte veinticinco; sin embargo, quiero estar orgullosa de que cada día hago mi mejor intento. Ojalá fuera tan sencillo como practicar en una noche de bolos tus tiros para por lo menos, anotarle a la mitad de los pinos (te lo dice alguien que no es precisamente una experta en ello). Las pláticas entre mis amigas y con mis hermanas han sido primordial en esto que me ha motivado a empezar.
Recuerdo las palabras de mi hermana Nat en un desayuno diciéndo «yo le pido a Dios que me convierta en la mujer que él tiene preparado para el hombre que será mi esposo, que me convierta en una mujer digna de ser esposa y madre de mis futuros hijos». Fue una oración brutal que desencadenó una plática profunda y llena de reflexión porque quedamos todas de acuerdo en que buscamos lo mismo.
Creo que el éxito radica en lograr tus metas, pero lo bello radica en que durante todo ese proceso, puedas estar rodeado de la gente que piensa y hace lo mismo que tú o incluso es mejor que tú; porque en mi caso, son personas que me impulsan en todos los aspectos de mi vida; en el cuidado de mis finanzas, en mi inteligencia emocional, las relaciones interpersonales, mi salud, el trabajo y mi relación con Dios que, sin esto último, creo que yo no tendría la fuerza para seguir adelante con mis metas y propósitos.
Lo único que puedo invitarles dentro de esta primera nota del año, es que se ilusionen con sus metas, porque cuando no tienes la ilusión, es más fácil perder la motivación y ni siquiera ya buscas en muchas situaciones desarrollar tu disciplina.
Así que ¡ilusiónate! no perdemos nada siéndo un poco optimistas con el tiempo y con uno mismo. E inténtalo, no olvides que la paciencia -como ya lo escribí en una locura anterior- es un factor importante para ver resultados. Y si crees como yo en Dios, pues confía en él que creéme, vale mucho la pena y más cuando estás a la disposición de que pueda actuar en tu vida.
Ojalá este año nuevo se vuelva «tú año» y quien sabe, tal vez podría ser éste tu favorito.
Con todo el cariño, V,
Mis locuras
Quiero compartirte mis locuras y un poquito más. Cada texto refleja una parte de mi mundo, mis pensamientos, emociones y las historias que me inspiran.
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